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Un año es lo que pasa entre Boxing Day y Boxing Day

Publicado: 11 / 01
Categoría: Fútbol

Un año es lo que pasa entre Boxing Day y Boxing Day

Publicado: 11 / 01
Categoría: Fútbol

Todos los años, el día 1 de enero, mi padre nos levantaba a mí y a mi hermana para ver el concierto de año nuevo. Mi madre, entonces, solía traer churros a casa y hacer chocolate, algo que le gustaba tanto que lo extendió a otros días del año y bautizó como “desayuno feliz”. Durante muchos años, aquellas fueron las peores resacas de mi vida, sin ninguna duda. Hubo años que ni siquiera llegué a acostarme en la cama antes de escuchar a Johann Strauss hijo, padre y hermanos taladrarme la cabeza. No pocas veces debí de cagarme en todo el linaje de los Strauss y en el momento en que el primero de ellos decidió tocar un instrumento de cuerda pulsada.

Este año, al levantarme de la cama el día 1, lo primero que hice fue despertarla a ella. “Corre, que va a empezar el concierto y quiero mi chocolate”, le dije. La verdad, lo recordaba más temprano, nunca hubiese pensado que empezaba a las once. Comimos chocolate con churros (aunque esta vez lo hicieron mis suegros) y escuchamos los valses y las polkas de la familia Strauss, pero esta vez no los maldije. Cuando empezó el concierto, le mandé una foto del chocolate a mi madre y un mensaje a mi padre, “lo estamos viendo, me está encantando”.

Un año es también lo que pasa entre Boxing Day y Boxing Day, y conociéndome, estoy seguro de que despertaré a mis hijos para ver algún partido del Manchester City, del Newcastle o del Arsenal. Es probable que ellos, entonces, me odien. Que maldigan cada centímetro de césped del Emirates, que no soporten el toque de balón de Scott McTominay, que no entiendan qué hace tanta gente recorriendo las calles de Birmingham para ir a un partido de fútbol. Y puede que algún día, en un 2050 lejano, me manden un holograma 3D, que los habrá, viendo algún partido del Crystal Palace.

Es verdad que ha sido un año duro, sobre todo para muchas personas que han perdido familiares, trabajos y negocios en los que habían dejado su vida y sus ilusiones. Ha sido un año marcado por la derrota, sobre todo para un deportivista, aunque no sé si, con todo, hemos aprendido a perder.

Pero para mí también ha sido el año en que viví con ella y adoptamos un gatito, en el que encontré trabajo, en el que me fui con mi abuela un mes y medio, en el que mi familia siguió bien y en el que tuve la suerte de empezar a escribir aquí aunque todo lo que tenga que decir ya esté dicho, ya lo haya escrito Enrique Ballester o ya haya aparecido en ‘Una cuestión de tiempo’.

La vida es aquello que pasa sin que nos demos cuenta. Para nosotros, entre goles. Para otros, entre otras cosas. Pero para todos es algo casi imperceptible, que nos supera. Y todos perdemos el tiempo en lo efímero del día a día, sin darnos cuenta de la belleza y la trascendencia que nos rodea. Por eso los goles del Boxing Day, la derrota o las navidades con Covid nos pasarán por encima entre tensiones y dibujos de las nubes sobre el cielo. Y en realidad, si fuésemos capaces por un minuto de discernir lo inmediato de lo trascendente, descubriríamos que fuimos felices en cada uno de los momentos de este año en los que estuvimos rotunda y sólidamente vivos. En aquellos goles, descensos y Marchas Radetzky, en aquellas derrotas, en aquel año en que estuvimos tan lejos como siempre y tan unidos como nunca, fuimos felices aunque, como siempre, no lo sabíamos.