Skip to Content

Aduriz, Chiquito de la Calzada y un vino

Publicado: 10 / 07
Categoría: Fútbol

Aduriz, Chiquito de la Calzada y un vino

Publicado: 10 / 07
Categoría: Fútbol

Por eso me alegro tanto de lo suyo, don Gregorio. Aparte de haber enriquecido con un par de nuevas palabras el lenguaje de los españoles -más de lo que han hecho en su vida muchos ilustres escritores y académicos-, es bueno que de vez en cuando aquí triunfe alguien que merezca la pena, no por lo que cuenta, sino por lo que es y lleva a cuestas en su vieja y abollada maleta. En este país donde el éxito suele ir ligado a niñatos canta-mañanas que nacen de pie, a demagogos de lágrima fácil o a tiburones de moqueta, compadre y pelotazo, usted, merced al único golpe de suerte de su vida, se lo acaba de montar a puro huevo, y eso tiene mucho mérito y nunca estará del todo pagao”.

Esto escribía Pérez Reverte sobre Chiquito de la Calzada allá por 1994 y esto es, con pequeños matices, lo que a mí me hubiese gustado escribir sobre Aduriz. Porque ambos, guardando las distancias, han sido el ejemplo de un triunfo tan esperado como merecido. Ambos, además, se han dedicado al arte del destello, a encontrar perlas escondidas en el fondo del vocabulario o del terreno de juego. El gol y el chiste guardan ciertas similitudes porque son apenas un relámpago de alegría. Encontrarlos es complejo, requieren la extraña colaboración del trabajo y la suerte y, ambos, esconden una sombra de soledad. El contador de chistes y el delantero centro trabajan con algo tan escaso que pocos los entienden.

Muchos niños en Bilbao son incapaces de concebir el Athletic sin Aduriz porque es lo que han visto toda la vida. Para ellos la disociación del club con el delantero es tan inédita como inimaginable, nunca ha sucedido y parecía que nunca iba a suceder. Pero lo cierto es que Aduriz ha tenido que andar un largo camino curtido en campos de 2ªB como el del Aurrerá de Vitoria o el Burgos y de 2ª como el Valladolid. Aduriz ha sido siempre un obrero del gol, allí donde lo llamaban, él iba y allí donde iba se anotaban tantos. Llegó, tras pasar por aquellos campos de 2ªB y 2ª, al Athletic y le quitó la titularidad a Llorente durante una temporada. Fue incomprensiblemente vendido ese año contra su voluntad y la de la afición. Aduriz tuvo que pasar su travesía por el desierto en el Mallorca y el Valencia antes de volver a casa. A su verdadera casa.

Lo que vino después fue una demostración de calidad y poderío físico que muy pocos jugadores han podido hacer en su vida. Aduriz batió desde entonces todos los récords de edad posibles en el fútbol europeo, siendo el jugador más mayor en anotar con la Selección y el goleador más longevo en la historia de la Europa League, superando al mismísimo Alan Shearer. Vivió el cénit de su carrera a una edad a la que muchos ya llevan años retirados.

En el verano de 1994 Aduriz acababa la temporada con su primer equipo de fútbol, el Sporting de Herrera y un señor de 62 años aparecía en Antena 3 para contar un chiste. Era la primera aparición de Chiquito en televisión y sería el inicio de un éxito que lo convertiría en icono nacional. Su extraña forma de contar era lo que lo hacía inigualable, curtida en los campos de 2ªB del espectáculo, los tablaos flamencos. Chiquito se había ganado la vida de un lado para otro, haciendo de palmero y malviviendo de tablao en tablao o teniendo que emigrar a Japón, donde aprendería muchas expresiones y movimientos que luego utilizó en sus chistes. Llegó a ser tan famoso que incluso bautizó con una de sus expresiones una marca de snacks de Matutano, Los Fistros.

A Aritz y a don Gregorio los une, más que el éxito tardío, la forma inigualable que ese largo camino les dio de alcanzarlo. La forma como Aduriz picaba el balón por encima del portero, esa parábola casi perfecta, la belleza del esférico besando la esfera imaginaria de su trayectoria o la forma de moverse y los infinitos neologismos que Chiquito usaba para contar sus chistes son, más que obras de arte, recursos de los que uno se tiene que dotar en la vida o en el campo para sobrevivir al paso del tiempo y las patadas del destino.

Es por eso, que yo me alegro tanto del éxito de Aduriz como Reverte se alegraba del de Chiquito. Porque esa soledad, la del gol y la del chiste, la forma de hacer estallar el ruido de la grada o de la carcajada saben muy diferente si el tiempo las ha cuidado en su crudeza. La bodega de vinos Valduero tiene un vino llamado Unacepa. Este vino es el resultado de dejar, de cada planta, sólo una cepa, podando el resto y renunciando al vino que podrían dar. De esta forma, toda la fuerza de la viña irá solo a esa única cepa y de esa única cepa saldrá una sola botella de vino. Esa fuerza envejecida del triunfo tardío de Aduriz y Chiquito, esa fuerza es la de un éxito que sabe a última oportunidad, a chiste, a gol, a una cepa.