Después de tres días quedaba claro que TOMA no va de ganar o perder, sino de celebrar todo lo que significa el fútbol cuando se juega lejos de los focos y construye su lenguaje más auténtico. Conviene no perder de vista a Marruecos de cara al Mundial. Candidato más que serio.
Casablanca no necesitaba demasiadas excusas para subir el volumen, pero la semana pasada la ciudad vibraba algo más alto que de normal. Por primera vez en la región EMEA, TOMA (el torneo global de fútbol callejero impulsado por Nike) aterrizaba en África y elegía Marruecos como punto de partida. Una declaración de intenciones sobre cómo el fútbol nace de la calle y se transforma en cultura dialogando con las historias propias de cada lugar.
Todo empezaba incluso antes de tocar el balón por primera vez. Desde el primer encuentro en el Four Seasons de Casablanca la sensación estaba clara: algo especial estaba a punto de suceder. Periodistas, atletas y figuras cercanas a Nike compartíamos espacio y conversaciones con la intuición de que aquellos días no iban a limitarse a cubrir un evento desde la distancia, sino a vivirlo desde dentro.
La mañana arrancó con un clinic que nos devolvió al origen más puro del fútbol: botas bien atadas, el césped bajo los pies y el placer de jugar al mejor deporte de todos. Compartir ese momento con iconos como Jay-Jay Okocha, recientemente nombrado Chief Flair Officer por Nike durante la Copa África, o con Michelle Alozie, una de las caras más potentes del presente y futuro del fútbol femenino africano, dejó claro qué busca Nike llevando TOMA a todo el mundo, conectando pasado y futuro a través de la creatividad y el juego.
La ciudad fue tomando protagonismo conforme avanzaba el día. Un recorrido por el centro, entre mercados, murales y callejones nos ayudó a entender que en Casablanca el fútbol no se consume, sino que se vive. Está integrado en la identidad de sus barrios de una forma orgánica, cultural.
Por la tarde, diferentes equipos se enfrentaron en un torneo de fútbol callejero que parecía más un festival que una competición al uso. DJs locales, gradas improvisadas y una atmósfera eléctrica iban marcando el paso de las horas, con apariciones inesperadas como la de Hakim Ziyech – auténtico futbolista de culto desde sus años en el Ajax – ahora jugador del Wydad Casablanca.
El fútbol africano tiene códigos propios, y en la calle esos códigos se expresan directamente sobre el campo, con sus regates imposibles, el ritmo endiablado y una creatividad en cada jugada que te hace levantarte del asiento.
El próximo día pudimos conocer la cultura del fútbol marroquí de forma más cercana con una visita al Morocco Football Museum, donde el recorrido histórico ayudó a entender cómo Marruecos ha pasado de las primeras competiciones locales a consolidarse como una potencia continental. El cierre llegó en Rabat, con el partido inaugural de la Copa África entre Marruecos y Comoras, en un estadio que condensaba toda la pasión vista días antes en las calles.
